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21 de abril de 2015

Los escuchamos, por fin…

Compartimos columna de opinión del director de la DOS, Camilo Ballesteros, referida a campaña del Consejo de la Infancia “Yo opino, es mi derecho”:

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La presentación por TV y en la página web del Consejo de la Infancia de la campaña “Yo opino, es mi derecho”, generó emoción y hasta ternura en las audiencias.

Fue clara, directa, resultó bonita y generó automática empatía con el protagonismo de los niños.

Es un proyecto que busca estimular el pronunciamiento de niños y adolescentes sobre múltiples temas, que les son cercanos, como el medioambiente, la violencia intrafamiliar, la diversidad en la convivencia, el bullying y otros. Se llevó a cabo del 26 de marzo al 3 de abril, y las opiniones recogidas se incorporarán al diseño de la nueva política hacia niños y adolescentes.

Se trata de una iniciativa que complementa los diálogos regionales por la Infancia y Adolescencia implementados por el mismo Consejo, con apoyo del PNUD, de los cuales se han realizado veinte. Dichos diálogos tienen el mismo propósito de la campaña “Yo opino”: incorporar nuevos antecedentes y pareceres, especialmente provenientes de los propios menores de edad,a las normas que innoven sobre garantíaspara la niñez y adolescencia.

“Yo opino, es mi derecho”,es una iniciativa inteligente, que reconoce la potencialidad creativa y el ingenio natural de los menores, cuestión que a los adultos probablemente les ha sido históricamente difícil reconocer, o que cada paso en su reconocimiento lo han dado a regañadientes. Efectivamente, ha sido un proceso que ha llevado muchas etapas, que ha requerido superar prejuicios, abandonar mitos y hábitos ancestrales, dejar atrás pretensiones de superioridad injustificadas, incluso miedos a perder autoridad y ámbitos de poder. En fin, es testimonio de que el progreso cuesta, que vencer el conservadurismo es un componente que convive con la evolución del ser humano.

En 1989 Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño, consagrando que las estados miembros deben garantizar el derecho de todo menor de edad a “formarse un juicio propio”, a “expresar su opinión libremente en todos los asuntos que (lo) afectan”, y a tener “debidamente en cuenta las opiniones del niño” (art. 12). Y el artículo siguiente ratificó que “el niño tendrá derecho a la libertad de expresión”, derecho que“incluirá la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo”.

A esta Declaración le  han sucedido una serie de Observaciones Generales emitidas por el Comité de los Derechos del Niño, integrado por 18 miembros elegidos por la Asamblea General de la ONU, entre las cuales el 2009 emitió la que aseguraba “el derecho del niño a ser escuchado”.

Esa es la pequeña historia de la consagración del derecho de niños y adolescentes a opinar, a opinar libremente, y a que su opinión se tenga en cuenta, sea sobre asuntos de su interés inmediato o sobre temas que nos incumben a todos.

A eso ha respondido la iniciativa del Consejo Nacional de la Infancia, que ha permitido a todos los preescolares y escolares chilenos emitir su opinión, sin cortapisas. Es una primera experiencia de participación de niños y adolescentes en los asuntos que importan a todos los chilenos, de hacer oír la voz, generándoles tempranamente la noción de que también son ciudadanos de un país que los escucha, es decir que son personas que se hacen escuchar.

 

Camilo Ballesteros Briones

Director

División de Organizaciones Sociales